¿Qué es nuestra vida? No tenemos tiempo de vivir. La máquina nos engulle más que nos libera. Ni el hambre ni la guerra han desaparecido de la superficie del globo. Combatimos nuestra inquietante condición a base de somníferos y televisión. El bienestar del nicho mental que nos rodea debilita nuestro cuerpo y la fatiga urbana nos sobreexcita los nervios. El progreso hace las veces de religión y el dinero de sacramento. La preocupación nos corroe, la congoja nos acaricia. Dormimos mal por la noche. De día no estamos despiertos del todo. Pensamos en naderías, pensamos demasiado, no cesamos de pensar. Ni siquiera tenemos tiempo de respirar. Además el aire que respiramos comienza a ser tóxico, el agua que bebemos contaminada, la tierra que habitamos superpoblada. El sentimiento de superviviencia preside cada instante y amenaza bajo el ahjogo de las formas de vida sobre el planeta y la autodestrucción atómica. Falta energía; no únicamente la que procede de la madera, carbón o petróleo, sino también la forma más sutil, el resorte para hacer frente a la situación.
¡Y qué situación! Un doloroso viaje entre el nacimiento y la muerte, un relampagueo de conciencia, fulguración breve, como la chispa que salta del sílex o el astro aparecido en la noche.
¿Por qué estamos en la Tierra? Hemos perdido los orígenes. Ya no nos conocemos. Somos una especie que perece porque no nos llenamos de luz, de energía, de silencio, de vacío.
¿Cómo ser vivos de nuevo?
Hace veinticinco siglos en la India, no lejos del río Ganges, un hombre medita sentado bajo una higuera. Hace ya seis semanas que reflexiona. Su cuerpo no se mueve y si no fuera por su aliento profundo y poderoso se le creería muerto. Completamente inmóvil, tranquilo como una montaña. No rechaza la nutrición, el sueño ni el ciudado delicado de una mujer. Simplemente, ha decidido no moverse de debajo del árbol hasta que no haya resuelto el problema del nacimiento y la muerte.
Una noche, poco antes del amanecer, mientras Venus brilla en el cielo, descubre el secreto más oculto. "En la última vigilia nocturna he alcanzado la ciencia más oculta....las tinieblas se recogieron y se hizo la luz". Se convirtió en Buda, que en sánscrito significa El que ha despertado. Había descubierto un diamante. ¿Se lo guardará? Había encontrado la llave. ¿La prestará? Duda unos instantes. Después decide consagrar su existencia terrena a la transmisión del secreto. Helo aquí: Comienza por sentarte en la posición de Buda. Concéntrate en la firmeza del cuerpo y en la respiración. La vía es de una simplicidad apabullante. Solamente sentarse, sin preocupaciones, sin pensamientos. Vacío. En posición auroral.

No hay comentarios:
Publicar un comentario